PURI

La PURI en la cosmovisión Lickan Antay puede presentarse como una categoría espiritual, territorial y política: no es solo agua en sentido material, sino espíritu del agua, vínculo de reciprocidad con el desierto, y eje de la vida comunitaria.

Puri significa “espíritu del agua” en ckunsa, y en el desierto de Atacama esa noción expresa que el ser humano existe en equilibrio con los elementos naturales, especialmente con el agua.

El agua aparece como ser vivo con memoria, agencia y capacidad de escucha, por lo que su cuidado no es solo una práctica ecológica, sino también un deber ritual y ético. Esta perspectiva permite leer la PURI como una matriz de sentido que ordena la vida agrícola, la organización comunitaria y la relación con los cerros tutelares.

• Densidad Cuantitativa y Cualitativa: Con más de medio millar de figuras, representa un esfuerzo acumulado de siglos, funcionando como un archivo visual de la prehistoria andina.

• Articulación de Pisos Ecológicos: Actúa como el punto de sutura entre los oasis de Calama, las comunidades de la Puna y el litoral, facilitando el intercambio de bienes exóticos y recursos de subsistencia.

• Resiliencia ante el Clima Extremo: La persistencia de estas figuras en una de las zonas más áridas del planeta evidencia una planificación técnica y un mantenimiento ritual continuo que permitía la navegación segura del desierto

La costumbre ceremonial permite reconstruir una secuencia estacional clara. En junio ocurre el Año Nuevo y el pago al agua; en julio comienzan los agradecimientos al agua por medio de pagos; en agosto se celebra la Patta Hoyri; y en septiembre se realizan limpias de canales en preparación de la siembra.

También se sitúa en el calendario Lickan Antay hitos como Día de la Cruz del Sur en mayo, solsticio de invierno en junio, compromiso a la vida en marzo e inicio de la siembra en septiembre. Así, esta temporalidad muestra que el agua no se ritualiza de forma aislada, sino dentro de un ciclo agroceremonial más amplio.

Un punto importante es que estas prácticas no son folclor estático, sino formas de organización territorial y memoria histórica. El agua, los cerros y el cielo forman un sistema integrado donde la montaña intermedia entre fenómenos meteorológicos, sol y comunidad, permitiendo la continuidad de la producción de alimentos y la regeneración social. Por ello, la depredación extractiva del territorio ha tensionado esa relación, por lo que defender la PURI implica también defender una forma de vida. En ese sentido, la cosmovisión del agua es inseparable de la soberanía cultural y del derecho a la reproducción material de las comunidades.